Hablar de carry trade puede sonar muy sofisticado, pero su mecánica es sencilla: endeudarse donde el dinero es barato e invertir donde se paga más. Por poner un ejemplo: si puedo pedir prestado dinero al 0,5 % en yenes, cambio estos yenes a dólares y compro un bono que rinde un 4 %; la diferencia (descontadas las comisiones) es mi ganancia.
El riesgo reside en lo que no es perceptible: el tipo de cambio. Si el yen se aprecia, es decir, se fortalece, devolver el préstamo cuesta más (es más caro). Y si el Banco de Japón sube los tipos, la financiación deja de ser tan barata. Por este motivo, el carry trade suele prosperar cuando la moneda de financiación se mantiene estable o se debilita, y se complica cuando esta moneda se fortalece o cuando el banco central inicia un ciclo de subidas.
Durante años, Japón ha sido la fábrica mundial de «dinero barato». Durante décadas ha luchado contra la deflación, manteniendo los tipos extremadamente bajos y facilitando un fuerte apoyo al mercado de bonos. En este escenario, el yen era una divisa ideal para financiar apuestas en otros mercados: desde la deuda emergente hasta la bolsa norteamericana.
En 2025, no obstante, el guion empezó a cambiar. A finales de enero de 2025, el Banco de Japón fijó su tipo de referencia en torno al 0,5 %. Y el 19 de diciembre lo aumentó al 0,75 %, indicando además que, si su escenario de actividad e inflación se cumple, los seguirá subiendo. Esta normalización también se notó en la deuda pública, donde las rentabilidades de los bonos japoneses registraron el salto anual más grande desde 1994, en un contexto de menor compra de bonos por parte del Banco de Japón y de expectativas de nuevas subidas.
¿Qué implica esto en el carry trade de hoy en día? Que no desaparece, pero es más frágil. A principios de 2026, el dólar rondaba los 157 yenes, reflejo de que el diferencial de tipos con Estados Unidos sigue siendo amplio (la FED mantenía el rango 3,50-3,75 % a finales de 2025). A pesar de eso, si el Banco de Japón implementa políticas económicas más restrictivas y se producen episodios de incertidumbre en los mercados globales, donde el yen es ampliamente considerado como una moneda refugio tradicional, el «beneficio» del carry podría menguar al apreciarse la divisa.
Además, el cierre del carry trade suele tener un efecto dominó: si muchos inversores deshacen posiciones al mismo tiempo, venden activos en el exterior para devolver el préstamo y recompran yenes. Esta recompra empuja el yen al alza, encarece todavía más la devolución y puede forzar a otros inversores a cerrar posiciones. De todos modos, no tiene que cundir el pánico; solo hace falta que la financiación deje de ser «regalada» para que el ajuste se note en divisas, bolsa y crédito.
Echando un vistazo al 2026, uno de los factores clave será el binomio salarios-precios. El Banco de Japón anticipa que la inflación podría moderarse por debajo del 2 % en la primera mitad del ejercicio fiscal 2026 y repuntar después de manera gradual. En paralelo, sus sondeos muestran que muchas empresas planean mantener en 2026 crecimientos salariales similares a los de 2025. En otras palabras: es plausible que el Banco de Japón se muestre prudente a corto plazo, pero muy dependiente de la evolución de los datos macroeconómicos de precios, crecimiento y salarios con unos tipos más altos que hace unos años. Esto reduce el combustible del carry trade y aumenta la probabilidad de episodios de volatilidad cuando los inversores se reposicionen.
En resumen, durante años Japón (tanto por divisa como por tipos) ha sido la fuente «más barata» del sistema para el carry trade, pero esta situación podría revertirse, suponiendo el fin del dinero barato japonés.

Diari d’Andorra 11.02.2026