La victoria de Trump tendrá un papel importante en el panorama económico de 2025: no solo en Estados Unidos, sino también en el resto del mundo. Si bien la victoria republicana podría significar un mayor impulso para la economía estadounidense, probablemente pondrá freno al crecimiento de otras regiones. Entonces, es posible que persista la divergencia observada en 2024 entre Estados Unidos y Europa. Sin embargo, el grado de disparidad es incierto y dependerá del plazo en el que se cumplan las promesas electorales de Trump y en qué medida se implementen.
Antes de las elecciones, Trump explicó los cambios políticos que implementará, entre los que se incluyen importantes recortes en los impuestos, una amplia desregulación, un fuerte aumento de los aranceles a todas las importaciones, especialmente a las procedentes de China, la deportación de millones de inmigrantes indocumentados y la restricción del gasto federal. A grandes rasgos, la mayoría de estas políticas están destinadas a tener un impacto positivo en el crecimiento estadounidense. Con los recortes de los impuestos, los consumidores y las empresas tienen más dinero para gastar e invertir, respectivamente. Además, la desregularización impulsará el crecimiento, ya que reducirá los costes de cumplimiento y facilitará el funcionamiento.
Sin embargo, el alcance y la secuencia de estas nuevas medidas son difíciles de predecir. Por un lado, los republicanos tienen una escasa mayoría en el Congreso, por lo que es posible que haya que suavizar algunas políticas para que se aprueben. Por otro lado, las palabras de Trump pueden ser peores que sus acciones. Y con razón. Muchos piensan que amenazar con imponer un arancel del 60 % a los productos de China y uno del 20 % al resto de productos puede ser una herramienta de negociación y no una estrategia firme. Trump quiere proteger la industria nacional al encarecer las importaciones e impulsar a los consumidores a optar por productos nacionales. Sin embargo, la estrategia podría resultar contraproducente en función de la respuesta de los países afectados.
Además, algunas políticas podrían tener efectos controvertidos sobre la economía si se aplican. Las deportaciones generalizadas afectarían negativamente al crecimiento. Por un lado, habría mucho menos consumo y llevarlas a cabo sería muy costoso. Por otro lado, no se podrían cubrir muchos de los empleos que llevan a cabo los inmigrantes ilegales, lo que supondría cuellos de botella e interrupciones en el suministro.
Al otro lado del Atlántico, el panorama económico parece más seguro, pero no tan brillante. Alemania sigue teniendo dificultades debido a su escasa competitividad. Francia tiene que consolidar rápidamente sus finanzas públicas, pero se encuentra en medio de un dilema político, e Italia también tiene que reducir su déficit fiscal. Si a esto le añadimos la amenaza de unos aranceles más elevados, la situación no parezca tener un remedio fácil.
La eurozona se enfrenta a problemas estructurales difíciles de resolver. Mario Draghi, el ex primer ministro italiano y anterior presidente del Banco Central Europeo, advirtió en su informe sobre la economía y la competitividad de la UE que la Unión Europea se enfrenta a un crecimiento económico lento y duradero. Draghi destacó tres formas de «reavivar el crecimiento»: cerrar la brecha de innovación con Estados Unidos y China en cuanto a tecnologías clave; aprovechar las oportunidades del proceso actual de descarbonización mundial y asegurar las cadenas de suministro frente a las dependencias geopolíticas, que corren el riesgo de convertirse en vulnerabilidades. No obstante, son soluciones a largo plazo que llevará tiempo aplicar.
Por lo tanto, todavía hay numerosos interrogantes sobre las políticas de Trump y la perspectiva de los economistas tendrá que ajustarse en los próximos meses a medida que descubramos los detalles y la reacción del resto del mundo. Sin embargo, es bastante seguro decir que, de cara a 2025, el panorama de Estados Unidos es más positivo que el de Europa.
Cierre de redacción: 8 de enero de 2025