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Las tres perspectivas de la digitalización responsable

En un mundo cada vez más conectado, hablar de tecnología va mucho más allá de conceptos como innovación, inmediatez o comodidad. También significa tomar conciencia del impacto que generan nuestros hábitos digitales, cada vez más frecuentes, más intensos y, casi, más necesarios.

Nuestra realidad, como individuos y miembros de la comunidad, queda íntimamente ligada al funcionamiento operativo de plataformas tecnológicas: trámites con la Administración, gestiones bancarias, decir ‘buenos días’ a la familia, mostrar las fotos del último destino de vacaciones o resolver todo tipo de dudas gracias a la inteligencia artificial… Y esta realidad comporta consecuencias en las personas y en la organización social, pero también desde el punto de vista ambiental.

Como decíamos, la digitalización ha transformado la manera en que trabajamos, consumimos, estudiamos y nos relacionamos. Todo ello tiene, a su vez, un impacto real: centros de datos que consumen energía, dispositivos electrónicos que requieren recursos naturales cada vez más codiciados —¿les suenan las tierras raras?—, plataformas que promueven el consumo de todo, sistemas algorítmicos que pueden alterar nuestra capacidad de decisión. Por eso, el reto ya no es digitalizar más, sino digitalizar mejor.

Y esto precisamente es lo que persigue el concepto de digital responsable y sostenible: utilizar la tecnología de forma eficiente, ética y consciente para reducir sus efectos negativos y potenciar sus beneficios colectivos.

La digitalización responsable supone una visión centrada en la mejora orientada a reducir la huella ambiental, social y económica de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a lo largo de su ciclo de vida. Esto se traduce, por ejemplo, en pensar en el consumo energético de los dispositivos, cuánta agua necesitan los grandes servidores de datos o cómo se gestionan los residuos electrónicos. Desde esta perspectiva, la responsabilidad digital implica la gestión de los impactos ambientales que provoca (lo que en inglés se conoce como green IT).

No obstante, los servicios tecnológicos y digitales también deben ser accesibles, para que cualquier persona pueda utilizarlos independientemente de su edad, de sus capacidades o del lugar donde viva; deben ser éticos, con principios y valores que pongan al ciudadano en el centro, y deben garantizar la seguridad de los usuarios, en términos de privacidad, protección y transparencia (en inglés, el IT for green).

Desde esta doble perspectiva, ciudadanos, instituciones y empresas debemos aprender a tener, promover y exigir una relación más sana con la tecnología, teniendo en cuenta que la digitalización responsable se construye a partir de cinco ejes estratégicos:

  • Limitar el consumo excesivo de recursos naturales (energía y agua, principalmente) y minimizar la generación de residuos.
  • Garantizar que sea inclusiva, accesible y sostenible financieramente. Es decir, útil, utilizable y utilizada.
  • Introducir el componente ético, con regulación y garantías legales de protección al usuario.
  • Velar por la resiliencia y la continuidad de los servicios.
  • Favorecer nuevos comportamientos y valores frente a riesgos como el ciberacoso o la desinformación.

La responsabilidad digital nos sitúa, por tanto, ante un enfoque más general y holístico que busca abarcar tres dimensiones: crear valor económico, social y ambiental; reducir el impacto económico, social y ambiental de la digitalización, y aprovechar la tecnología para la mejora económica, social y ambiental de los procesos de digitalización.

 

Artículo publicado en el Diari d’Andorra el 14.10.2026

Escrito por
Martí Alay Roquet
Martí Alay Roquet
Director de Sostenibilidad de Creand Crèdit Andorrà