¿Se imagina a un físico, acostumbrado a estudiar agujeros negros o partículas subatómicas, analizando el comportamiento de la bolsa? No solo es posible, sino que cada vez es más habitual. Así nace la econofísica, una disciplina que, al igual que la biofísica o la geofísica, aplica los métodos y herramientas de la física al estudio de la economía. Eso se debe al hecho de que tanto los fenómenos físicos como los económicos pueden compartir características universales, y los sistemas complejos se pueden analizar utilizando las herramientas habituales de la física. El término lo acuñó el profesor de física de la Universidad de Boston, H. Eugene Stanley, durante una conferencia sobre física estadística en Calcuta (India) el año 1995.
El objetivo de la econofísica es analizar fenómenos complejos de la economía, como la evolución de los precios, la formación de burbujas o el comportamiento colectivo de los agentes, utilizando modelos matemáticos, estadísticos y computacionales propios de la física. Esta disciplina ha revolucionado la manera en la que entendemos los mercados financieros, aplicando sus métodos al análisis económico. Mediante el estudio de sistemas complejos y la gestión de grandes volúmenes de datos, los econofísicos buscan patrones y regularidades que la teoría económica clásica no consigue explicar o pasa por alto, como el efecto rebaño.
Hace más de un siglo que la economía y las finanzas utilizan las matemáticas: desde el movimiento browniano hasta la teoría de juegos, donde el resultado final de uno mismo depende de las decisiones de los demás. Hoy en día, la econofísica no es solo cosa de académicos: bancos, fondos de inversión y aseguradoras contratan físicos para diseñar productos financieros, gestionar riesgos y analizar datos.
La ventaja de su uso es la capacidad de analizar los mercados desde ángulos inéditos; reconocer que los acontecimientos extremos son más frecuentes ayuda a diseñar estrategias más realistas para proteger las inversiones. Por ejemplo, los precios no siguen una distribución normal (la famosa campana de Gauss), sino que presentan «acontecimientos de cola»: sucesos extremos. En este sentido, se emplean modelos como los vuelos de Lévy truncados, que permiten modelar mejor la probabilidad de estos grandes movimientos.
Además, a la hora de hacer predicciones, los econofísicos pueden simular el comportamiento de miles de agentes con información limitada y que no toman decisiones perfectamente racionales, reflejando mejor la realidad. A modo de ejemplo práctico, recuerde un supermercado en época de COVID: pocas personas empiezan a comprar mucho papel higiénico; otras, al verlo, también compran por miedo a quedarse sin, y al final se genera una escasez que inicialmente no existía. La econofísica estudia este tipo de comportamientos en cadena, parecidos a cómo en física una pequeña fuerza puede provocar un gran efecto, para explicar subidas de precios, crisis financieras o cambios bruscos en la economía.
En resumen, esta ciencia nos ayuda a entender mejor los mercados, a gestionar el riesgo y, de paso, a recordar que la economía, como la naturaleza, está llena de sorpresas y comportamientos colectivos inesperados.
Diari d’Andorra 13.05.26
