Unos cuantos pronósticos para 2025 - Creand
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Unos cuantos pronósticos para 2025

A las personas que nos dedicamos a esto de los mercados financieros nos toca pensar lo que nos depara este año que acabamos de arrancar. En 2025, lo más fácil de acertar es que Trump será el protagonista. Tendrá a todos pendientes de su promesa de coser a aranceles a medio planeta, aunque probablemente sea una táctica para sacar concesiones. Alguien ya le habrá dicho que todo el mundo sale perjudicado del proteccionismo. Si este fuera efectivo, Corea del Norte sería el país más rico del planeta. La economía estadounidense continuará fuertísima y, además, Trump desregulará y bajará impuestos (eso sí, mucho menos de lo que ha dicho, que las cuentas no cuadran). Mientras tanto, la economía europea seguirá sin levantar cabeza. El Viejo Continente padece de ciertos males crónicos de difícil solución. El BCE tendrá que seguir bajando los tipos, que volverán otra vez a niveles por debajo del 2 %, mientras que la Fed poco más podrá reducirlos, si es que no debe dar la vuelta y subirlos. Ganador: el dólar. Si piensan ir a ver la Estatua de la Libertad, mejor paguen ya los vuelos.

En el ámbito geopolítico, Trump también dijo que acabaría con la guerra en Ucrania en poco tiempo. Seguramente así sea, sobre todo porque el conflicto cumplirá tres años y la factura comienza a ser demasiado pesada para ambos bandos. En Europa, tendremos elecciones en Alemania y en Francia, ingobernable hasta que se puedan repetir elecciones en verano. Si estas tres incógnitas se resuelven, puede que los activos europeos sean la sorpresa del próximo año. De momento, los inversores huyen de ellos. Tampoco quieren saber nada de China, que sigue sin resolver el exceso de ahorro privado y la implosión, a cámara lenta, de su sector inmobiliario. Tenemos pues consenso sin grietas: la bolsa estadounidense volverá a ser la mejor el próximo año. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, los Estados Unidos lideran la revolución de la inteligencia artificial. El problema es que en la unanimidad suele haber oportunidad (de hacer lo contrario, frecuentemente).

El Barça quedará quinto en Liga, pero jugará la final de la nueva Champions, lo que le permitirá participar en la siguiente edición, porque el otro finalista será el Atlético de Madrid. Djokovic ganará dos Grand Slam más. La película más taquillera de 2025 será “Fórmula 1”, con Brad Pitt (Avatar 3 pinchará). Y Papá Noel se mudará del Polo Norte, por culpa del cambio climático, y vendrá a vivir a Andorra. Todo (o casi todo, vaya) de lo que se ha escrito hasta ahora es posible, pero nos damos cuenta en seguida que, del último párrafo, no podemos estar seguros.Es decir, distinguimos con facilidad los conceptos de “posible” y “probable” cuando hablamos de fútbol, pero nos cuesta mucho más ver la diferencia cuando escuchamos a “expertos” en mercados financieros. ¿Quieren un dato? Los principales bancos de inversión siempre dan los niveles a los que estará la bolsa a un año vista. Se han recopilado los pronósticos que han hecho durante décadas y resulta que se equivocan, de media, en un… 15 %. Vamos, que si aciertan es por casualidad (nunca doy cifras, no sea que alguien las recuerde). La buena noticia es que, de media, suelen quedarse cortos (la bolsa sube más de lo que creían).

¿Por qué nos gusta tanto escuchar pronósticos cuando la realidad es que no sirven para nada? La explicación es que a los humanos la incerteza nos genera ansiedad. Es un mecanismo de defensa, que nos ha permitido sobrevivir como especie. A lo largo de la historia hemos buscado respuestas en dioses, oráculos, cartas del tarot o leyendo entrañas de animales. No obstante, los pronósticos son innecesarios para invertir. Lo que es imprescindible es dedicar el tiempo necesario a comprender bien el entorno en el que estamos y leer mucha historia. Los humanos nos repetimos: lo que ocurre hoy se parece a menudo a algo que ya ha pasado antes, de lo que podemos extraer lecciones. Si nos obsesionamos por pagar el precio justo (la mejor idea, al precio incorrecto, es una mala inversión), seremos capaces de diseñar una cartera con una probabilidad elevada de buenos resultados. Si además nos aprovechamos de la volatilidad (es decir, de los movimientos bruscos de los mercados por eventos temporales), incrementamos todavía más esta probabilidad (y el resultado final). Falta un único ingrediente para la pócima mágica: el tiempo. Si concedemos el tiempo necesario, la probabilidad se vuelve prácticamente certeza de que nos irá bien, si tenemos la cartera correcta. Teman a la inflación, que devora nuestros ahorros, pero no a los mercados financieros. Y no hagan caso de ningún pronóstico, que no hace falta.

Cierre de redacción: 8 de enero de 2025

Escrito por
Autor post
David Macià Pérez, CFA
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados de Creand Asset Management