Trump en Venezuela: sacudida al tablero geopolítico
Hace un año asistíamos a la toma de posesión de Trump en la Casa Blanca y aunque las previsiones ya eran de una presidencia rompedora y poco convencional en muchos aspectos, pocos pronosticaron la serie de acontecimientos que hemos vivido en los últimos 12 meses.
A la hora de redactar esta tribuna —y, dada la velocidad de acontecimientos, es importante remarcarlo—, la intervención de Estados Unidos en Venezuela marca la actualidad.
Valga la idea de que para analizar la geopolítica hay que dejar de lado las opiniones ideológicas, así que empezaremos por enumerar los principales hechos y sus consecuencias. Y aunque los sesgos ideológicos cada vez están más presentes en los análisis financieros, esto es algo que pensamos que es esencial para ejercer nuestra profesión y beneficiar a nuestros clientes.
La operación de Trump en Venezuela ha marcado un paso sensible en la geopolítica mundial. Ya sabemos que Trump no es muy amante de los tratados internacionales —absolutamente obsoletos dado el entorno actual—, pero el uso de la fuerza y la autodesignación como conductor del país en este periodo de transición son un salto importante (incluso negando la participación de la oposición venezolana). La normalización de la fuerza puede suponer en el futuro un marco de actuación que podrán utilizar otras superpotencias como Rusia o China y este hecho sin duda marca un incremento del riesgo geopolítico global o, mejor dicho, de las implicaciones económicas y en mercados financieros de este riesgo.
Cuando Trump llegó al poder por segunda vez el año pasado, declaró enseguida la emergencia energética, con el objetivo de disminuir la factura de sus empresas y ciudadanos. No ha hecho el más mínimo esfuerzo de disimulo y ya desde sus primeras declaraciones, o del secretario Rubio, ha hablado del petróleo como uno de los principales factores, aunque no único, de la intervención que ha sacado a Maduro del país y lo ha puesto en manos de la justicia americana junto a su esposa.
En los titulares se habla de que Venezuela es el principal país mundial con más reservas de crudo, pero se obvia que a nivel de producción pasó de 2,5 millones de barriles diarios a cerca de 1 millón en la actualidad. Actualmente es el decimoctavo productor mundial. Sus infraestructuras están obsoletas y ya se ha anunciado la inversión por parte de los productores americanos en el país para mejorarlas, pero también para sacar beneficio de esta inversión.
Pero lo importante aquí no es la cantidad de crudo, sino que la mayoría del mismo corresponde a crudo pesado, precisamente el que Estados Unidos necesita importar. Para poner datos encima de la mesa, las reservas de Estados Unidos están en la novena posición en el orden mundial, pero a nivel de producción son los primeros. Estados Unidos importa 8 mmbd, de los cuales alrededor del 60 % son de crudo pesado y, en cambio, exporta 11 mmbd, de los cuales la mayoría son de crudo ligero.
Con esta operación, Estados Unidos se beneficia del acceso a este crudo pesado del que las refinerías del centro y sur del país son expertas en procesamiento. Además, se reduce la dependencia de las importaciones de Canadá y México (con las que se tienen que firmar próximamente tratados de comercio). Y, por último, se reduce estratégicamente la dependencia de Rusia, que es el tercer país del mundo con mayores reservas de crudo pesado.
El mensaje de estos actos no es solo para Venezuela sino para toda la región de Latinoamérica. Para hablar de las múltiples consecuencias de esta operación, podemos empezar por Cuba, que depende en mayor medida de este petróleo de Venezuela. Pero quizás el mayor efecto en la zona es que las declaraciones acerca del control de los cárteles de droga en Venezuela, pero también en México y en Colombia, abren otro panorama de fricción con estos países, que veremos cómo avanza. Obviando declaraciones histriónicas de Trump, debemos de pensar con qué fuerza negociadora en los tratados de comercio que hay que renovar próximamente va a encarar la mexicana Sheinbaum, por ejemplo, teniendo en cuenta las amenazas de intervención terrestre para controlar los cárteles de la droga presente en México.
Se habla de la doctrina Monroe (doctrina del siglo XIX que tenía como objetivo evitar la expansión europea en América), pero con la actualización al siglo XXI de Trump. Esta doctrina Donroe (Monroe con D de Donald) implica el uso de fuerza de manera activa —no reactiva— y se habla de la imposición de su visión estratégica para defenderse no solo de los europeos sino de Rusia y, especialmente, de China. También da alas a que precisamente estos dos países tengan mayores argumentos acerca del uso de fuerza en sus pretensiones expansionistas. En otro momento podríamos entrar en detalles acerca de Groenlandia y de por qué es tan importante para Trump, desde el nivel de reservas de tierras raras hasta la posición geográfica en un momento de deshielo climático. Lo que está claro es que el tablero de ajedrez de las últimas décadas se está moviendo a velocidad de crucero, y esto tiene consecuencias económicas y de mercados financieros. Sin ir más lejos, hemos visto en los últimos trimestres cómo el precio del crudo ha ido bajando paulatinamente y sobre todo cómo el oro, el activo refugio por antonomasia, ha visto en 2025 una de las mayores subidas de precio de la historia solo por detrás del convulso 1979.
Cierre de redacción: 7 de enero de 2026