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Vivir más y con mejor salud financiera

No hay semana en la que una familia no me transmita su inquietud ante el aumento de los gastos derivados de la edad. Generalmente, esta preocupación es trasladada por los miembros de la familia de mayor edad, que son los que deben hacer frente en la actualidad o en un futuro próximo a dichos gastos que, en la mayoría de los casos, no se ven reducidos en edades avanzadas y quizás no siempre se es consciente de esto en las estimaciones de planificación.

Ninguno somos ajenos al hecho de que la esperanza de vida sigue una tendencia ascendente y las previsiones indican que este patrón continuará. Obviamente, esto es siempre una gran noticia, pues todos queremos vivir más y en mejores condiciones. Gracias a los avances médicos, la mejora en las condiciones de vida y una creciente preocupación de la sociedad por el cuidado de la salud, estos objetivos se están consiguiendo. No obstante, no se trata solo de vivir más y mejor, sino de hacerlo también con una buena salud financiera. La longevidad está transformando profundamente las dinámicas económicas, sociales e individuales y tanto los gobiernos como las familias deben abordar estas nuevas realidades.

Por un lado, los estados llevan años planteándose cómo afrontar esta nueva realidad social donde los años de jubilación igualan o superan los años de trabajo. El retraso de la edad de jubilación o las nuevas fórmulas flexibles para acceder a ella son algunas de las medidas adoptadas en España para tratar de amortiguar los costes derivados de estas nuevas situaciones. El mantenimiento del estado del bienestar en todas sus vertientes exige en este momento el replanteamiento de los modelos tradicionales.

Por otro lado, las familias están igualmente llamadas a replantearse los esquemas de planificación tradicionales. Ya hemos comentado el aumento temporal del período de jubilación, pero a esto suele unirse el hecho de que los descendientes, muchas veces no emancipados cuando la jubilación llega, dependen más tiempo de sus progenitores debido al retraso en la edad para formar familias. Estas realidades exigen estar más preparados que las generaciones previas para afrontar posibles imprevistos y gastos derivados de la edad.

Para la consecución de dichos objetivos será fundamental contar con estrategias de planificación e inversión que garanticen la preservación del patrimonio, así como la capacidad de generación de rentabilidad de este para hacer frente a los años en los que los ingresos se verán previsiblemente reducidos. En este sentido, será necesario evaluar la distribución actual del patrimonio para determinar si está alineado con los objetivos que se quieren conseguir.

Para la evaluación de la realidad presente y la planificación a futuro marcará la diferencia apoyarse en profesionales cualificados que evalúen las medidas que sería necesario adoptar vinculadas a los diferentes escenarios en los que podría encontrase dicha familia, con el fin de garantizar que los recursos disponibles sean suficientes durante más tiempo.

Este estudio y previsión no debe realizarse exclusivamente en edades avanzadas. Me atrevería más bien a recomendar lo contrario. Las futuras generaciones deberán aprender de las situaciones actuales y trabajar en su planificación teniendo en cuenta la variable de la longevidad. Educar a los más jóvenes para que sepan gestionar un patrimonio que garantice un nivel de vida sostenible durante períodos más largos resultará vital para afrontar la longevidad y los imprevistos asociados a ella.

Tampoco es ajeno a esta realidad el mercado, el cual también está orientándose a la longevidad, al menos, de dos formas. Por una parte, ofreciendo productos orientados a la cobertura de las necesidades futuras, como pueden ser las fórmulas de seguros de ahorro o rentas vitalicias que complementen en un futuro la pensión pública. Por la otra, fomentando la inversión en aquellos activos que serán previsiblemente demandados por las personas más longevas, lo que ha provocado que la inversión en servicios de cuidados o residencias se haya visto incrementada en los últimos años.

En definitiva, existe una necesidad urgente de realizar cambios en la planificación de los individuos, de las familias y de la propia sociedad para adaptar los patrimonios al sostenimiento del nivel de vida durante un período de tiempo mucho más extenso.

Citywire 03.04.2025

Escrito por
Autor post
Patricia Franco Giralt
Directora de Planificación Patrimonial en Creand Wealth Management