La fiscalidad: el pilar invisible de la gestión patrimonial
La fiscalidad no es un elemento secundario de la gestión patrimonial: es uno de los factores que más condiciona el rendimiento real del patrimonio. Una cartera puede estar bien diversificada y formada por activos sólidos, pero si no se planifica la fiscalidad, las ganancias netas se reducen y se limitan las oportunidades de crecimiento. En patrimonios importantes, esta falta de planificación puede alcanzar un impacto del 3 % anual sobre el patrimonio en impuestos que se podrían haber evitado.
La fiscalidad afecta a todas las fases del patrimonio: cuando se generan rentas, cuando simplemente se posee y cuando se tiene que transmitir, en vida o después de la muerte. Por ello, conviene integrarla en cada decisión para proteger y hacer crecer el capital con coherencia y continuidad.
Dividendos e intereses: las retenciones, un detalle que pesa
La renta fija extranjera a menudo no tiene retención en origen, pero los dividendos sí. En EE. UU., por ejemplo, la retención estándar es del 30 %, reducible al 15 % si existe un convenio para evitar la doble imposición internacional, como es el caso de España, y se presenta el formulario W‑8BEN en la entidad financiera marcando el apartado de tributación reducida de los dividendos. Esta gestión, aparentemente menor, puede generar ahorros muy relevantes. En un dividendo anual de 300.000 €, aplicar el convenio puede suponer 45.000 € de ahorro anual y 450.000 € en diez años, reforzando también el efecto de la capitalización compuesta.
Plusvalías: elegir bien el momento y el lote fiscal
Las ganancias tributan cuando se vende el activo, lo que permite escoger el momento óptimo. Además, la normativa de algunos países permite utilizar libremente el método del sistema de cálculo del coste de adquisición, como sucede en EE. UU. o Australia. En una venta de 1.000.000 € en acciones, cuando se hayan adquirido en diferentes momentos, pasar del método de valoración del coste medio de adquisición a otro, como elegir entre el sistema FIFO (se venden los activos adquiridos en primer lugar) o LIFO (se venden los activos adquiridos más recientemente) puede suponer reducir las ganancias o aumentar las pérdidas considerablemente.
Vehículos de inversión: diferimiento y regulación
Controlar un vehículo de inversión de baja tributación que genere rentas pasivas, como son las financieras, puede activar la normativa de transparencia fiscal internacional que obliga a imputar las rentas no realizadas pero obtenidas por el vehículo, como puede ser una sociedad o un fondo de inversión. En cambio, en vehículos regulados como los fondos UCITS o cualquier otro fondo donde no se tenga el control, se permitirá el diferimiento de las ganancias hasta el momento de la venta. Los Unit‑Linked, un producto financiero pero con un componente de seguro de vida, también aportan flexibilidad y diferimiento fiscal hasta el momento de rescate, total o parcial. Así pues, elegir el vehículo adecuado para la gestión de los activos financieros es tan importante como seleccionar los diferentes tipos de activos.
Impuestos patrimoniales: tributar por tener patrimonio
Algunos países gravan la simple tenencia del patrimonio con tipos que pueden llegar al 3 % anual. Para optimizar esta carga es necesario analizar la normativa de la jurisdicción de residencia, como la de los activos, y valorar opciones como anticipar transmisiones o reorganizar la titularidad.
Sucesiones y donaciones: la planificación final del patrimonio
La transmisión del patrimonio puede tener una fiscalidad elevada, a menudo superior al 40 %. Por este motivo, es fundamental combinar eficiencia fiscal con un elemento que no se puede obviar: la voluntad del causante sobre cómo quiere que se repartan sus bienes. La planificación sucesoria puede incluir donaciones en vida, desdoblamientos de propiedad o figuras como el fideicomiso. Analizar conjuntamente la residencia fiscal del transmitente y de los herederos y dónde están localizados los activos es esencial para garantizar una transmisión eficiente fiscalmente y, a la vez, ordenada y coherente con los deseos familiares.
Conclusión
La fiscalidad es un pilar central de la gestión patrimonial: mejora el rendimiento neto, protege el capital y asegura una transmisión inteligente y fiel a la voluntad del propietario. Cuando se trabaja de manera planificada y natural, el patrimonio deja de erosionarse y puede desplegar todo su potencial a largo plazo.
