Todos los inversores habrán escuchado hablar de la clásica estrategia de inversión 60/40. Esto es, el 60 % de la cartera invertida en acciones del índice S&P500 y el 40 % restante, en bonos del Tesoro americano a 10 años.
Esta ha sido, de hecho, una de las fórmulas más utilizadas por muchos inversores durante décadas. No en vano, desde el año 2000, esta cartera solo ha tenido caídas en cinco de los veinticuatro años que componen la serie.
No obstante, en los últimos años, esta estrategia se ha enfrentado a desafíos debido a varios factores económicos y financieros.
La subida histórica vivida en los tipos de interés de referencia marcados por los principales bancos centrales de las economías desarrolladas como respuesta a la elevada inflación ha impactado negativamente en el rendimiento de los bonos.
En un entorno de tipos crecientes, el valor de los bonos en cartera tiende a caer, afectando al 40 % de la estrategia correspondiente a la renta fija.
Dado el entorno actual, estamos empezando a vivir una correlación entre la bolsa y el mercado de bonos, hecho que impacta de forma directa en la rentabilidad de la cartera 60/40. En algunos periodos recientes, como en el año 2022, tanto las acciones como los bonos cayeron simultáneamente, reduciendo así el componente descorrelacionador de la cartera.
La inflación persistente es una circunstancia que se puede analizar desde varios ángulos: en primer lugar, la inflación hace que la rentabilidad real de la cartera también disminuya y así el inversor deberá exigir mayor rentabilidad nominal para luchar contra la inflación; por otro lado, ante escenarios de inflación elevada, los bancos centrales suben los tipos de interés para combatirla y, de esta forma, el valor de los bonos tiende a caer.
Dados estos desafíos y la evolución de los mercados financieros, consideramos que podría ser una buena práctica hacer ciertos ajustes a la cartera con el objetivo de inmunizar la cartera a las subidas de tipos y a la inflación y descorrelacionar la cartera para poder enfrentarnos a cualquier situación del mercado.
Una de las estrategias que más sentido creemos que tiene es la inversión en activos alternativos, tales como el private equity o la deuda privada (private debt). De hecho, según un estudio de la gestora KKR, la rentabilidad de la cartera 60/40 se habría incrementado en casi un 40 % si se hubieran incorporado estrategias de mercados privados.
Tanto es así, que la demanda de este tipo de activos no para de aumentar y, según las estimaciones de Preqin, los mercados privados pasarán de los 13 billones de dólares actuales a más de 20 billones en 2030.
Del mismo modo, tiene todo el sentido en una cartera diversificada participar de la evolución de la economía real. Si miramos la cotización de las grandes tecnológicas americanas, estas representan aproximadamente un 20 % del S&P500, pero sus ingresos combinados suman solo alrededor del 4 % del PIB americano. Por otro lado, según el mismo informe que mencionábamos de KKR, el número de empresas que cotizan en bolsa se ha reducido en un 30 % en los últimos 40 años. De tal forma que, si queremos una cartera diversificada, debemos prestar atención a los mercados privados.
No obstante lo anterior, los inversores deben prestar atención a diferentes riesgos que conlleva la inversión en mercados privados. Por supuesto, se trata de estrategias ilíquidas y muchas de ellas requieren compromisos de inversión a largo plazo.
Además, la dispersión de rentabilidades que nos encontramos en estas estrategias es elevada y la diferencia de rentabilidad entre los gestores que componen los diferentes cuartiles es abismal. Tener la capacidad de encontrar al mejor gestor dentro de cada estrategia cobra especial importancia.
Por estas razones de iliquidez y dispersión en las rentabilidades, es decisivo contar con una gestión profesionalizada que permita al inversor acceder a los mejores gestores en cada una de las estrategias porque dichos gestores, además, tienen la particularidad de que son los más inaccesibles para el inversor particular.
En definitiva, los mercados privados pueden ser una de las formas más eficientes de diversificar nuestra cartera y descorrelacionar los activos tradicionales. Además, su combinación de una rentabilidad potencialmente superior y acceso a activos no disponibles en mercados públicos los convierten en una herramienta poderosa para equilibrar riesgos y oportunidades en una estrategia de inversión diversificada.
Funds People, 14.02.25