Cada verano, tenemos la oportunidad de recibir a estudiantes de grado y máster con diversidad de inquietudes e intereses. Para ellos, es una manera de añadir experiencias a su breve carrera profesional; para nosotros, una ventana abierta al talento emergente y a nuevas maneras de pensar. Esta oportunidad es una decisión estratégica que nos ayuda a mirar hacia el futuro.
¿Quién no ha pensado, mientras estudiaba, cómo sería aplicar todo lo que ha aprendido en el aula? A menudo, de todos modos, cuando aterrizamos en el mundo laboral descubrimos que el día a día tiene poco que ver con los apuntes y que la realidad no es tan estimulante como nos la imaginábamos. Justamente por ello, ofrecer un entorno donde los estudiantes puedan aplicar, contrastar y repensar sus conocimientos es clave para que la práctica no sea solo un hito más a lograr dentro de su formación académica, sino una experiencia transformadora que les ayude a plantear cómo podría ser su carrera profesional el día de mañana y a entender cómo funciona una organización real.
Más allá del apoyo puntual que los estudiantes nos pueden ofrecer, obtenemos una mirada crítica sin prejuicios, que nos obliga a explicar mejor el por qué de las cosas (el «siempre se ha hecho así» no sirve), a revisar procesos y a hacernos preguntas que a menudo pasamos por alto. Su paso activa conversaciones internas, abre espacios de experimentación y fomenta una cultura más abierta y colaborativa. En definitiva, son un catalizador que acelera el aprendizaje organizativo, especialmente si sabemos escuchar e integrar sus propuestas más allá de las tareas operativas. Por lo tanto, estas estancias laborales son un escenario de valor mutuo: una oportunidad para los estudiantes de plantearse su futuro profesional y una fuente de renovación para las empresas.
Con esta visión, y con el objetivo de hacer que este periodo vaya más allá de colaborar con un departamento concreto, desde Creand organizamos el «Creand Summer Innovation Challenge», una iniciativa impulsada por el departamento de Relaciones Humanas con el apoyo del departamento de Innovación, donde proponemos a los estudiantes un reto empresarial y les ofrecemos herramientas y espacios para diseñar su solución. Durante este proceso adquieren o perfeccionan habilidades como el design thinking, la comunicación efectiva, el pensamiento crítico o la capacidad de proponer ideas con impacto real, entre otras.
Este tipo de programas son más que una formación: son una manera de abrir la puerta a la creatividad, de interconectar equipos y de hacer visible de qué forma las aportaciones de personas que apenas empiezan pueden sembrar cambios reales. Algunas de las propuestas surgidas en estos programas inspiran nuevas iniciativas dentro de las organizaciones. Y esto nos demuestra que escuchar al talento joven no es solo un gesto generoso, es una apuesta inteligente. El éxito queda demostrado por el interés de ambas partes en realizar el programa.
Los jóvenes que participan en estancias formativas en las empresas, como es el caso de los que pasan por nuestros centros de trabajo, no solo aprenden, sino que también nos enseñan. Porque el futuro no se construye solo con experiencia, sino también con curiosidad, empuje y la mirada fresca de quien acaba de empezar. Estamos convencidos de que esos proyectos formativos y experienciales impulsados desde las empresas son una oportunidad para abrir las puertas al talento joven, fortalecer nuestros equipos y repensar los métodos de trabajo. Apostar por ellos desde ahora es también una manera de retener el talento en el país, ofreciéndoles retos profesionales estimulantes, cercanos y con sentido. Porque entre todos podemos construir una comunidad más diversa, preparada y conectada con el futuro.

Diari d’Andorra 17.07.25