El sistema sanitario y sus retos.
El sistema sanitario andorrano, en su conjunto, está formado por actores públicos y privados: la CASS, el SAAS, profesionales y centros médicos privados con convenio con la CASS, y aseguradoras privadas con productos de copago de diferentes niveles de cobertura. Este sistema es probablemente más eficiente que el de otros países en los que la parte pública y la privada son compartimentos estancos que generan ineficiencias e incrementos de los costes para los asegurados. A pesar de ello, el sistema se enfrenta a problemas similares a los de los países vecinos, y uno de los principales es el aumento constante del gasto médico, recientemente muy acentuado. El gasto de la rama general se incrementó en 2024 alrededor de un 12 % respecto al año anterior y, desgraciadamente, los datos del primer trimestre de 2025 muestran un incremento similar. Las cotizaciones a la CASS por parte de la población no son suficientes para sufragar este gasto y el Gobierno de Andorra debe inyectar en cada ejercicio unos importes que no dejan de crecer: cerca de 58,9 millones para el próximo ejercicio 2026, 12,4 millones más que en 2025, un incremento superior al 25 %. Encontramos problemas similares en los seguros privados: las entidades aseguradoras nos vemos obligadas a ajustar las primas de nuestros productos de salud para poder hacer frente al incremento constante de la factura médica.
¿Cuáles son las principales causas de este aumento del gasto? Como siempre, la causa es multifactorial, pero existen algunos factores que sobresalen del resto, como el incremento de los costes sanitarios, el envejecimiento de la población y el aumento de la obesidad.
Los costes sanitarios han aumentado por encima del IPC en la mayoría de los países desarrollados de forma continuada en los últimos años. En este sentido, el gasto farmacéutico es uno de los principales factores: el incremento de pacientes crónicos —como veremos más adelante— y la aparición de nuevas terapias innovadoras de alto coste hacen disparar la factura farmacéutica. Los nuevos fármacos de alto impacto (inmunoterapias, terapias génicas, tratamientos personalizados en oncología o enfermedades raras) tienen costes muy elevados. Según datos de la OCDE y de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), estos nuevos tratamientos pueden costar entre 50.000 y 500.000 € por paciente y año, muy por encima de los tratamientos convencionales. Por poner un ejemplo, nuestra entidad experimentó un aumento del 17 % en el gasto farmacéutico durante 2024 y superior al 14 % en los primeros nueve meses de 2025.
La aparición de nuevas técnicas quirúrgicas como la robótica, con la posibilidad de realizarse a distancia, el uso de la inteligencia artificial y la realidad aumentada, la impresión 3D para la creación de soluciones a medida, el uso de biomateriales, las nuevas técnicas diagnósticas y analíticas hacen incrementar inevitablemente los costes sanitarios.
Es evidente que todas estas terapias y nuevos fármacos tienen su parte enormemente positiva, como la disminución del tiempo de convalecencia, la mejora en la esperanza de vida de determinadas patologías y, en general, el incremento de la calidad de vida.
El envejecimiento de la población es una situación en la que todos los actores debemos poner el foco de atención porque, si no es la principal causa del incremento sanitario actualmente, lo será en un futuro próximo. En todos los países desarrollados se da un envejecimiento de la población constante, tanto por la disminución de la natalidad como por el aumento de la esperanza de vida gracias a los avances en el campo de la medicina. Debemos prepararnos todos para esta realidad, que ya está presente y que irá aumentando.
¿Qué significa, a nivel sanitario, un envejecimiento poblacional? En general, este envejecimiento supone un incremento de los pacientes con afecciones crónicas como, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares (hipertensión, arterioesclerosis…), enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer y otras demencias), cáncer, diabetes, patologías respiratorias como el EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), osteoporosis y artrosis. Según la EFPIA (European Federation of Pharmaceutical Industries and Associations), gran parte de estos pacientes sufre más de una de estas afecciones (multimorbilidad). Alrededor del 37 % de los europeos de más de 65 años sufren múltiples afecciones crónicas. Esto implica pacientes frecuentemente polimedicados. Pero este problema comienza mucho antes: alrededor de una cuarta parte de la población en edad laboral ya sufre una enfermedad crónica. El número de adultos diagnosticados con diabetes en la UE prácticamente se ha duplicado en las dos últimas décadas, pasando de unos 17 millones en el año 2000 a 33 millones en el 2019, y se prevé que aumente hasta 38 millones en el 2030.
Tampoco debemos olvidarnos de otro factor decisivo en el incremento del gasto sanitario: me refiero a la obesidad. Muchas personas son reticentes a hablar de enfermedad o patología al referirse a la obesidad. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la obesidad es una compleja enfermedad crónica que se define por una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La obesidad puede provocar un aumento del riesgo de diabetes de tipo 2 y cardiopatías, puede afectar a la salud ósea y reproductiva y aumenta el riesgo de aparición de determinados tipos de cáncer. Asimismo, influye en aspectos de calidad de vida, como el sueño o la movilidad. La obesidad y también el sobrepeso generan gastos directos e indirectos. Los directos incluyen gastos médicos (cirugía, pruebas médicas y medicación) y no médicos, como los de transporte para recibir atención sanitaria. Los gastos indirectos incluyen el absentismo laboral relacionado con la salud y la reducción de la productividad. Según la FMO (Federación Mundial de la Obesidad), en 2035 se podría alcanzar la cifra de 2.000 millones de personas obesas, con un impacto económico estimado de 4 billones de euros, casi el 3 % del PIB mundial de ese año. Por lo tanto, los costes públicos y privados derivados de la obesidad y el sobrepeso son enormes, y las consecuencias médicas para las personas afectadas resultan preocupantes. En definitiva, se genera un incremento constante de las necesidades sanitarias en todos los ámbitos, ya sea en la asistencia primaria, la hospitalización médica y quirúrgica, las pruebas diagnósticas o la farmacia. Deben buscarse soluciones por parte de todos los estamentos públicos y privados para abordar esta situación.
Parece complicado avanzar en la contención de los costes sanitarios a la vez que se mejoran los servicios para mejorar la calidad de vida de la población. Aun así, existen iniciativas que pueden ayudar en algunos de los ámbitos o en ambos a la vez. Por ejemplo, a nivel europeo existen diversos proyectos para la negociación de precios centralizados y compartidos. Otro aspecto que se intenta mejorar en muchos países es la calidad del aire, principalmente en las grandes ciudades, ya que se sabe que influye en numerosas afecciones respiratorias e inmunitarias.
Pero lo que parece que realmente puede ayudar a contener los gastos y, sobre todo, a mejorar la salud, son los avances científicos y tecnológicos que ya están aquí y los que aparecerán en breve. La telemedicina es una herramienta que ya tenemos a nuestro alcance y cuyo uso va aumentando poco a poco. No se trata de una tecnología rompedora ni disruptiva, sino del uso de las herramientas telemáticas que ya tenemos disponibles y que pueden contribuir a reducir las colas en la asistencia primaria y, sobre todo, a mejorar la atención de pacientes crónicos con o sin movilidad reducida, disminuyendo así la necesidad de desplazamientos del paciente a la consulta. Las nuevas tecnologías de creación de vacunas han reducido el tiempo de desarrollo y producción. Sin embargo, entre todas las nuevas tecnologías y avances que van apareciendo, hay una que destaca por encima del resto: la inteligencia artificial. Existen muchísimos proyectos en los que ya se está utilizando la IA. Como ya hemos comentado, entre los más utilizados se encuentran los sistemas de diagnóstico, así como los sistemas asistidos por IA para la formulación y generación de nuevos medicamentos. En el año 2024 se concedió el Premio Nobel de Química a unos científicos que, utilizando un modelo de IA, lograron descifrar la estructura de casi todas las proteínas conocidas, lo que supuso un avance gigantesco que permitirá reducir el tiempo y los costes de muchos desarrollos científicos relacionados con la medicina.
Nos encontramos ante unos avances médicos sin precedentes, pero existen otras acciones que pueden mejorar tanto o más nuestra calidad de vida, y con unos costes mucho más reducidos. Los humanos hemos evolucionado como especie desde hace miles de años, al igual que el resto de mamíferos. Ha sido una adaptación lenta durante generaciones para poder sobrevivir y reproducirnos en las mejores condiciones posibles. Esto implicaba una actividad física constante, una alimentación variada pero escasa, y un sistema de alerta ante los peligros inminentes que activaba nuestro cuerpo y nos preparaba para afrontar el peligro (estrés agudo).
Esta adaptación se enfrenta a una nueva realidad que ha llegado de forma repentina y para la que no estamos preparados genéticamente: sedentarismo, abundancia de alimentos —la mayoría hipercalóricos y de escaso valor nutricional— y, por último, un ritmo de vida con mucha presión laboral, social y económica, que nos somete a un estrés constante (estrés crónico). Aquí es donde radican gran parte de las causas de las enfermedades anteriormente descritas. La prevención es la clave y todos los actores debemos realizar un esfuerzo de cara a esta prevención. No se trata únicamente de la medicina preventiva, que permite detectar la patología en estadios iniciales y cuya solución es frecuentemente la prescripción de fármacos. Me refiero a prevenir antes de que exista cualquier síntoma. Existen numerosos estudios que demuestran que la actividad física regular, junto con una alimentación moderada basada principalmente en alimentos reales, reduce la aparición de la mayoría de las patologías crónicas. Una vida social activa y contar con las herramientas necesarias para combatir las causas del estrés son también factores que, como se ha demostrado, ayudan de forma clara a disminuir estas patologías. Fomentar estos hábitos debería ser una prioridad institucional, tanto para reducir la factura sociosanitaria como para mejorar la calidad de vida de la población.
Más importante que vivir muchos años es vivirlos con buena salud.


Diari d’Andorra el 21 y 21 /11 /2025