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Ormuz

Si le preguntan a su IA favorita cuáles son los lugares más importantes del mundo, les responderá casi seguro que depende de si hablamos de valor histórico (las pirámides de Giza y Machu Picchu salen siempre), de religión (la Meca, el Vaticano), de ciencia (el CERN, Silicon Valley), de finanzas (Wall Street, la City londinense), de viajes (la Torre Eiffel, la Sagrada Família) o de política (la Casa Blanca, Pekín). Pero ninguna responde (no las que he probado yo, al menos) que hoy en día, sin ninguna duda, el lugar más importante del mundo es un pequeño trozo de mar de 33 kilómetros de ancho entre Omán e Irán: el estrecho de Ormuz.

Trump debió calcular que desmantelar el régimen iraní sería coser y cantar cuando autorizó la Operación Furia Épica (no se le puede negar creatividad en las nomenclaturas). Un mes y medio después, mientras escribimos estas líneas, siguen sin pasar ni petróleo, ni gas, ni derivados que el mundo tanto necesita. Tal vez cuando lean este texto ya han llegado a un acuerdo, eso sí. A Trump le corre prisa echar el cierre a la aventura: su partido afronta elecciones de medio término en noviembre, con muy mal pronóstico. Sea como sea, podemos aventurar varias cosas sin mucho riesgo a error.

Primero, que cuando se llegue a un acuerdo, costará volver a la “normalidad”. Hay que reparar daños, abaratar los seguros de los fletes, dejar que salgan y entren nuevos barcos para vaciar lo almacenado, reabrir producción y refinar el crudo (el petróleo, a secas, no sirve de nada).

Segundo, es casi seguro que el régimen iraní seguirá controlando el país con gente más radical que antes al mando, lo que incrementará la inseguridad de la zona a medio plazo.

Tercero, el precio del crudo seguirá un buen tiempo alto. Esta guerra no ha servido para nada (nada bueno, al menos). A Irán se le ha enseñado que es mucho más poderoso de lo que creía. Con amenazar con bloquear el paso en Ormuz (ni siquiera tiene que bloquearlo de verdad, a ver quién se atreve a cruzarlo) le basta para poner en jaque al resto del planeta. Es lógico que el crudo cotice con una prima superior a la que acostumbraba. La mayoría de los países querrán llenar sus reservas tanto como puedan lo más pronto que sea posible, lo que disparará la demanda, mientras la oferta tardará mucho en recuperar la normalidad.

Y, cuarto, que a los mercados financieros les da todo igual. Suelen ignorar los eventos geopolíticos, y esta vez no ha sido excepción: las caídas han sido mínimas para la magnitud de lo acontecido. Si la cosa termina pronto, parece incluso razonable, a nivel fundamental. Veníamos de una macro robusta, que parece muy soportada, a pesar de todo. De un lado, por los estímulos fiscales a punto de llegar en varios puntos del globo (Alemania, Japón, el propio EE. UU.), de otro, por inversiones salvajes que en gran parte parecen innegociables e independientes del ciclo (en IA, en defensa, en automatización o en electrificación, que en Europa hay que leer en clave de independencia energética).

El riesgo para los inversores es la inflación. Si se desata y los bancos centrales suben tipos, se agua la fiesta. Creemos que no debieran. Los bancos centrales no pueden imprimir petróleo, y las subidas del crudo no dejan de ser un impuesto sobre la renta, que reduce el crecimiento. Subir tipos no hace reabrir el estrecho de Ormuz, solo acrecienta el riesgo de recesión. Tal vez un riesgo mayor sea que las valoraciones de partida eran muy generosas, a nivel índice, en casi todo (renta fija, variable y alternativos). La buena noticia es que la dispersión es ENORME (en mayúsculas, como diría Trump en sus tuits en su red social). Eso significa que, a pesar de que los índices estén caros, hay muchas y muy buenas oportunidades (¡MUCHO!) para comprar activos concretos que están muy (¡MUY!) baratos, para el inversor paciente. Recuerden, que lo pongo en cada texto, que si no son pacientes, no invierten, especulan.

Ojalá que pronto dejemos de hablar de Ormuz y lo hagamos de Eurodisney o las Maldivas, o de cualquier otro sitio cuya mención les evoque paz y felicidad.

Cierre de redacción 20 de abril del 2026

Escrito por
Autor post
David Macià Pérez
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados en Creand Asset Management en Andorra