Y van tres - Creand
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Y van tres

Va quedando atrás el 2022, el último año en que vimos caídas en los mercados financieros (de hecho, cerca del 20% en casi todo, no había donde refugiarse). Entonces los inversores estaban asustados por la batalla que los bancos centrales libraban contra una inflación galopante. Las tecnológicas, grandes ganadoras de la pandemia por haber acelerado la llegada de un futuro digital, se desplomaron (las «magníficas 7» llegaron a perder la mitad de su valor). A finales de ese año había unanimidad absoluta: las subidas de tipos harían inevitable una recesión en 2023.

Pero llegó ChatGPT, cual santo grial para Nvidia y colegas, para reavivar el entusiasmo. Y no hubo recesión alguna. Un servidor estudió Ciencias Económicas hace ya unas cuantas décadas, y si algo me ha enseñado el tiempo es que a la economía el adjetivo de ciencia le queda enorme. Mientras la protagonicen seres humanos (de momento, hasta que seamos sustituidos todos por robots), será como nosotros: imprevisible. «Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro», decía Niels Bohr, y lo hacía refiriéndose a la física cuántica (si hubiera sido economista, le habría dado algo).

Tres años después, los inversores siguen de celebración. No faltan razones. El paro está en mínimos históricos en medio planeta, la inflación parece que va cediendo poco a poco y los bancos centrales bajan tipos, o los han bajado ya. Ni siquiera la embestida de Trump al orden preestablecido, cosiendo a aranceles y a amenazas a propios y extraños, parece tener ningún efecto sobre nada. La Fed cambiará de jefe en breve, y su nuevo inquilino deberá prometer pleitesía al despacho oval si quiere aspirar al cargo, a la vez que llegan estímulos fiscales de la mano de la One Big Beautiful Bill aprobada hace unos meses, culminando una trifecta de impulsos (fiscales, monetarios y desregulación) que deberían dopar más al sistema. Algo similar debiera pasar en Europa, con Alemania en pleno giro copernicano fiscal. Menos lo de desregular, claro, que si en algo somos campeones mundiales los europeos es en lo contrario. Por último, no olviden que la inteligencia artificial podría disparar el crecimiento y la productividad, bajar la inflación y hasta mejorar el colesterol. (Nota: de hecho, es lo más probable de todo lo anterior, objetivamente hablando, dado el potencial que tiene para desarrollar nuevos fármacos. Históricamente, los impactos de las revoluciones tecnológicas son en forma de «curva J» y tardan mucho en ser significativos).

Alguno dirá que mejor no comprar porque llevamos ya tres años de subidas bursátiles de doble dígito. Ni eso parece buena excusa. Primero porque lo de los tres años es solo para los que tengan el dólar como moneda base y el S&P 500 como índice de referencia. La bolsa americana subió poco más de un 2% el año pasado, si queremos gastarlo en euros. Y segundo porque lo de los tres años es solo una estadística, que vale para lo que vale. Además, tampoco es tanto. La ganancia acumulada en esos tres años (en dólares y en bolsa americana, para que suene mejor) es «solo» la décima mejor de la historia. En las nueve que la superan, o estábamos en modo burbuja, o salíamos de un tortazo previo, o la cosa salió mal al año siguiente. Pero eso es también otra estadística.

Pues nada, a seguir celebrándolo. Y que dure. Para los que sufrimos de escepticismo crónico (paren de leer aquí los demás, por favor), el 2025 nos recuerda un poco al 2022, pero al revés. Unanimidad absoluta (el 2026 será fantástico, el 2023 iba a ser una catástrofe) difícil de negar (muy bien argumentado). Alguna neurona estropeada no lo acaba de ver claro. Tal vez sean las valoraciones (de bolsa americana y crédito, especialmente), que no dan mucho margen a que algo se tuerza. Tal vez sea que tanto déficit y tanta deuda pública empiezan a ser ya preocupantes, o que demasiado dinero hace lo mismo (los ETF dominan los flujos, hasta ahora en una sola dirección). La alternativa, en cualquier caso, no puede ser esconder el dinero bajo un colchón. La polilla de los ahorros es la inflación. Todos vamos al supermercado, supongo que no hace falta que siga. ¿Qué hacemos, pues? Invertir, pero ser prudentes. Debemos asumir riesgo, pero combinen estrategias arriesgadas con otras de rendimiento potencial mucho más modesto, pero que nos darán la liquidez necesaria para aprovechar las oportunidades que surjan. Los vehículos mixtos pueden ser una solución excelente (ellos mismos comprarán si hay oportunidades). Y sean muy selectivos. Buenas oportunidades las hay, y muchas, pero hay que rebuscar y ser pacientes (las hay porque otros no las quieren, muchas veces por motivos cortoplacistas). Comprar un índice y «olvidarse» ha tenido resultados estratosféricos estos últimos años por motivos que parece muy difícil que sigan alimentando buenos rendimientos. Es tarde ya para eso.

Y no se confundan, que quien escribe no pronostica desastre alguno. Por dos motivos. Porque tiene pinta de otro buen año. Demasiada pinta, tal vez. Y porque pronosticar, especialmente cuando es sobre el futuro, es muy difícil. Feliz 2026.

Cierre de redacción: 7 de enero de 2026

Escrito por
Autor post
David Macià Pérez
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados en Creand Asset Management en Andorra