Los tipos de cambio fluctúan debido a varios factores interconectados. Entre ellos destacan los tipos de interés, la inflación y el crecimiento económico de un país, junto con la balanza comercial, los déficits y la deuda. Estos factores no operan de manera aislada, sino que interactúan de manera compleja y su importancia relativa puede cambiar con el tiempo.
Hasta finales de 2024, dos fuerzas principales impulsaban la fortaleza del dólar: la excepcionalidad estadounidense y el diferencial de tipos de interés entre EE. UU. y el resto de países. Si hacemos un gráfico del diferencial entre el tipo efectivo de los fondos federales y el tipo objetivo del Banco Central Europeo junto con el tipo de cambio euro-dólar, vemos una alta correlación entre ambos, con ambas métricas que se mueven en tándem en los últimos cinco años. La lógica detrás de esto es sencilla: los tipos de interés más altos ofrecen a los bancos y otros prestadores una mejor rentabilidad que en otros países, atrayendo capital extranjero. Al mismo tiempo, estas tasas más altas también son sintomáticas de un fuerte crecimiento económico y de una inflación controlada.
Sin embargo, esta dinámica comenzó a cambiar a principios de 2025. Desde entonces, el diferencial de tipos de interés y el tipo de cambio euro-dólar se han desacoplado. Aunque la economía estadounidense sigue superando la zona euro, y aunque el BCE ha recortado los tipos de interés en 200 p. b. frente a los 100 p. b. de la Fed, el dólar ha perdido un 9 % frente al euro desde principios de año. Ahora hay otros factores que han entrado en juego y tienen un impacto mayor en los movimientos del tipo de cambio.
Uno de estos factores son las políticas erráticas del presidente Trump, que han tenido un impacto negativo definitivo en la confianza de los inversores. En lugar de que el dólar actuara como refugio después del primer anuncio arancelario de Trump el Día de la Liberación, vimos fuertes correcciones en los mercados de renta variable y de renta fija que no lograron empujar el dólar al alza. Incluso cuando Trump dio marcha atrás en algunas de estas políticas y los mercados recuperaron el terreno perdido, el dólar se mantuvo estable.
La narrativa del mercado ha cambiado. La noción de excepcionalidad estadounidense ha sido sustituida por la incertidumbre estadounidense. Incertidumbre sobre el impacto sobre el crecimiento, la inflación y el nivel de deuda. A lo largo de la última década, las inversiones en dólares estadounidenses han crecido exponencialmente, dando lugar a carteras globales con posiciones muy significativas en esa divisa. Un ligero reajuste de las carteras puede tener un impacto importante, ya que casi todo el mundo estaba largo en el dólar. Por lo tanto, es probable que el riesgo a la baja del dólar todavía tenga margen para correr.
Cierre de redacción: 23 de junio de 2025