Al entrar en la segunda mitad del año, nos encontramos en un contexto de caída libre de los precios del petróleo, un aumento de las estimaciones de beneficios del S&P 500 y una revisión al alza de los objetivos de cotización de las firmas de Wall Street para fin de año, algunos de los cuales superando los 8.000 puntos.
Desde finales de marzo, las acciones estadounidenses han avanzado a toda máquina. Sin embargo, más recientemente, el S&P 500 se ha mantenido estable. Es importante señalar que, si bien el mercado se mantiene estable, está cerca de sus máximos históricos.
Las empresas de gran capitalización han tenido dificultades durante el último mes, como lo demuestra una caída del 5,4% en el ETF Vanguard Mega-Cap Growth (MGK), pero se está produciendo una rotación que ha ayudado a evitar que el mercado caiga. El índice Russell 2000 ha subido un 1,7% en el mismo período, mientras que el S&P 500, ponderado por igual, ha subido un 2,3%. De hecho, el 65% de las acciones del S&P 500 se sitúan por encima de su media móvil de 200 días. Tanto los valores cíclicos como muchos valores defensivos han experimentado un alza. El motivo de ello y cuánto durará sigue siendo objeto de debate, pero en un mercado sano, el dinero circula dentro del mismo y no sale de este por completo.
En efecto, el índice de semiconductores (SOX) ha caído un 8,0% en un mes, y la mayor parte de esa pérdida se ha producido en las últimas dos semanas. Durante ese mismo mes, el sector sanitario ha subido un 12,0%, seguido por el sector financiero (8,2%), el sector industrial (5,7%), el sector de los servicios públicos (4,5%) y el sector de bienes de consumo básico, con un aumento del 3,6%.
Nadie negará que las acciones de semiconductores han experimentado una racha espectacular que ha sido fundamental para el avance del mercado alcista. Al mismo tiempo, pocos pueden negar que estas acciones en auge estaban destinadas a sufrir un retroceso. El 22 de junio, el índice de semiconductores de Filadelfia («SOX») alcanzó su máximo histórico y preveía un aumento del 107% en 2026.
El factor determinante del reciente declive de las empresas de gran capitalización ha sido una caída precipitada de las hyperscalers, junto con algunas de las empresas de semiconductores. La tesis pesimista para las hyperscalers es que quizás no estén obteniendo una rentabilidad suficiente de la inversión que están realizando en IA. Al mismo tiempo, las acciones de las empresas de semiconductores han estado cayendo por temor a que la financiación para los centros de datos se agote en un futuro próximo.
El próximo período de presentación de resultados del segundo trimestre tendrá un impacto significativo en la evolución del mercado de la IA. La confianza es alta de cara a dicho período, pero también lo son las expectativas. La inquietud de los inversores está estrechamente ligada a los comentarios que las principales empresas relacionadas con la IA harán en sus presentaciones de resultados. Tendremos que estar atentos al grado de optimismo que muestren los distintos directores ejecutivos con respecto a la demanda, así como a la continuidad de la financiación para el desarrollo de la IA. Es probable que esto sea lo que determine si las empresas de gran capitalización pueden recuperar su liderazgo o si esta rotación continúa.
Cierre de redacción: 8 de julio de 2026