Los mercados financieros son un sitio realmente agradable, últimamente. Cuesta mucho encontrar activos que lo hayan hecho mal. La renta variable ha tenido el mejor inicio de año en décadas, con los índices americanos encadenando récord tras récord. Las bolsas chinas eran las únicas que quedaban por unirse a la fiesta y vaya si se han unido, con rebotes estratosféricos. La renta fija sigue en estado de gracia, después del disgusto del 2022: se estrechan los diferenciales de crédito, lo que sumado al “efecto duración” (por caídas de TIR globales, que implican subidas de precio) y al carry previo (cupones de las carteras) hace que se acumulen rendimientos que ya firmaríamos cada año. De hecho, de lo poco que cae es el petróleo, y bienvenido sea, ya que ayuda a reducir la factura de ciudadanos y empresas, y a apoyar el descenso de la inflación, que parece en la senda correcta.
El retroceso de la inflación ha empujado a la Fed a bajar tipos, medio punto de golpe. Prometen que no lo hacen porque nada esté torcido, es porque pueden darse el gusto. Los datos macro les dan la razón, al menos de momento. Y no están solos. Son contados los bancos centrales que no están recortando sus tipos oficiales (Japón es de las pocas excepciones, y porque ya estaban a cero). Un auténtico paraíso para los activos financieros: macro fuerte y tipos a la baja. La guinda del pastel, el reciente anuncio de múltiples estímulos en China, cuya economía languidecía preocupantemente.
Nadie diría que Ucrania y Rusia siguen en guerra, que Irán bombardea Israel, que Francia y Alemania no están precisamente en un camino de rosas, o que en cuatro semanas tendremos nuevo presidente en EE. UU. Pero bueno, en realidad da igual, ¿no? Hace casi un año que Israel bombardea o es bombardeado, y no ha pasado nada. Que se lo cuenten a Ucrania, que lleva dos años y medio en guerra con Rusia. Trump incluso sería bueno para los mercados: promete recortes de impuestos, lo que de inicio aceleraría el crecimiento y los beneficios empresariales. Quiere iniciar (otra) guerra comercial con el resto del planeta, sí, pero nadie es perfecto. Harris quiere subir los impuestos, pero no va a poder, porque necesita mayoría en las dos cámaras, lo que sería casi un milagro. Lo que también será milagroso es si Alemania no entra en recesión, pero a eso estamos acostumbrados – hace años que no crece. Francia tiene un déficit desbocado, y el gobierno encargado de atajarlo puede caer en cualquier momento – el parlamento esta tan fragmentado que nadie tiene los apoyos suficientes. La extrema derecha, euroescéptica, va ganando elecciones por todas partes, y si no gobierna es porque el resto de los partidos aplican cordones sanitarios, mientras Draghi sale a pedir reformas urgentes, porque Europa se está quedando atrás en el mundo. No pasa nada, las bolsas suben.
La ironía anterior no pretende asustar a nadie. Creemos que la economía se desacelerará, pero de forma moderada: el mercado laboral se mantendrá sólido, y compensarán los recortes de tipos y del precio del petróleo (si el conflicto en medio oriente no termina en guerra directa con Irán). Los estímulos en China no son ninguna panacea, pero seguro son buena noticia. El BCE bajará tipos más que la Fed (lo necesitan más), para quien se descuentan tipos demasiado bajos (por enésima vez). Trump o Harris implican ambos más déficits, lo que resulta muy preocupante, pero a largo plazo (y a largo plazo, “todos muertos”, que decía Keynes). A corto, ni uno ni otro van a poder hacer mucho de lo que prometen. Habrá que estar atentos a los aranceles que finalmente se apliquen si gana Trump, eso sí (es una prerrogativa del presidente, no necesita aprobación por parte de las dos cámaras).
El entorno antes descrito es propicio para los mercados financieros. Lo que nos preocupa es que se ignoran los riesgos, una y otra vez. Los episodios de caídas duran horas, si es que los hay. Quien no tiene Nvdia en las carteras es un suicida – imposible batir a los índices. La prudencia se recompensa con reembolsos.
Sin embargo, creemos que ser prudentes es nuestro deber para quienes nos confían sus ahorros, cuando se paga mal el riesgo. No creemos que estemos en ciernes de ninguna catástrofe. Al revés, el pronóstico es bastante benigno. Pero creemos que muchos activos tienen una rentabilidad potencial insuficiente para los riesgos que conllevan.
Debemos ser valientes también, cuando el riesgo está bien remunerado. La alternativa -el depósito- cada vez se va a pagar peor, y no cubre la inflación. Y hay oportunidades excelentes. El mercado se ha partido en dos. Una mitad, que ha puesto en precio que todo va a ser siempre maravilloso, y otra, que sufre ventas salvajes cuando no se cumplen las expectativas puestas en ellos, muchas veces exageradas y cortoplacistas. En este segundo grupo están los ganadores de los siguientes años, y es con quienes estamos construyendo, gradualmente, nuestras carteras.
Cierre de redacción: 7 de octubre de 2024