El actual Gobierno de Argentina liderado por Javier Milei ha contado con el respaldo de los inversores internacionales desde prácticamente su investidura, y especialmente desde que la nueva administración empezara a cosechar superávits fiscales varios meses consecutivos. Sin embargo, algo se ha torcido rápidamente. Primero, rumores de corrupción salpicaron a cargos de alto nivel del ejecutivo. Pero, sobre todo, el desenlace electoral en la provincia de Buenos Aires —con una clara derrota de la coalición del Gobierno frente al peronismo— desembocó en una fuerte crisis no solo en el ámbito político sino también financiero.
Para el mercado, la derrota electoral ponía en seria duda la capacidad del Gobierno de avanzar en su agenda económica liberal que requiere un esfuerzo continuado y de medio y largo plazo. Esto provocó salidas de capital y fuerte presión en el tipo de cambio, que llegó a mínimos de 1475 pesos por dólar. El bono soberano caía por debajo de 45 centavos, llegando a niveles previos a este Gobierno, mientras que los índices de acciones se desplomaban.
Tras semanas de tensión, la ayuda exterior ha llegado para apoyar al Gobierno argentino en su esfuerzo para sostener los activos del país. Sin duda, el más sonado ha sido el que viene de la administración de Estados Unidos, que, a través de su secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció ayudas a Argentina a través de tres mecanismos: una línea swap de monedas de hasta 20 000 millones de dólares con el Banco Central; compra de bonos argentinos en dólares, y potencialmente un crédito del Fondo de Estabilización Cambiaria. También el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo han manifestado su intención de acelerar las líneas de ayuda a Argentina.
Los instrumentos de mercado internacional reaccionaron muy favorablemente a la expectativa de este apoyo. Sin embargo, persiste cierta incertidumbre sobre las condiciones y la duración del anterior. Además, los mercados domésticos continúan mostrando gran fragilidad ante una posible intervención constante en reservas o la necesidad de medidas inmediatas para controlar la volatilidad.
El próximo 26 de octubre tienen lugar las elecciones legislativas de mitad del mandato. En un mercado tan polarizado como el argentino, los eventos políticos marcan la pauta para definir el apetito inversor en el medio plazo. Creemos prudente esperar a este desenlace electoral para tener más luz de en qué medida este Gobierno podrá seguir implementando su agenda y, por ende, beneficiarse de flujos de capital entrantes.
Cierre de redacción: 6 de octubre de 2025