Estados Unidos ha decidido atacar Irán. Irán es el décimo productor mundial de petróleo. ¿Qué implicaciones tiene esto para el precio del petróleo?
Históricamente, los conflictos en Oriente Medio han tenido un impacto significativo en el precio del petróleo, especialmente en el corto plazo, debido al papel estratégico de la región como principal productora y exportadora mundial de crudo. Pero la reacción del mercado petrolero varía según el horizonte temporal y la magnitud del conflicto.
¿Qué deberíamos esperar a corto plazo? En el corto plazo, los precios del petróleo tienden a subir de forma inmediata y pronunciada ante el estallido de un conflicto. Esta reacción suele estar impulsada por el miedo a interrupciones en el suministro, el riesgo a daños en infraestructuras clave (oleoductos, refinerías, puertos) y una fuerte respuesta especulativa por parte de los mercados financieros. Por ejemplo, tras la guerra del Yom Kipur en 1973, los precios se duplicaron en cuestión de semanas. Durante la invasión de Kuwait en 1990, el crudo subió cerca de un 70% rápidamente. Incluso en conflictos más recientes, como las tensiones entre Irán y Estados Unidos en 2019 o el conflicto Israel-Hamás en 2023, se observaron incrementos del 4% al 15% en pocos días.
Esta vez no ha sido una excepción y los precios del petróleo se han disparado más de un 15%. El mercado empieza a meter en precio la posibilidad del cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, por donde pasa cerca de un 20% del comercio de petróleo. Sin embargo, el cierre significaría un auténtico suicidio económico para Irán, puesto que las exportaciones de petróleo representan para Irán un 17% de su PIB. Ya amenazó en 2012 y en 2019 con cerrar el estrecho y finalmente no lo hizo por razones obvias.
Y a medio plazo y largo plazo, ¿qué deberíamos esperar? En el medio plazo, la evolución del precio depende de si el conflicto genera disrupciones reales en la producción o exportación de crudo. Si hay interrupciones persistentes, los precios se mantienen elevados. Si el conflicto no afecta físicamente al suministro, los precios tienden a estabilizarse. Por ejemplo, durante la guerra de Irak en 2003, el precio del crudo subió en los meses previos, pero cayó tras el inicio de las hostilidades, ya que la producción no se interrumpió de forma significativa. En contraste, el conflicto entre Irán e Irak en los años 80 tuvo un impacto más duradero por las continuas afectaciones a la producción y el transporte.
A largo plazo, los precios del petróleo tienden a normalizarse si el conflicto no provoca una disrupción estructural o prolongada del suministro. La oferta de otros países, como Estados Unidos (a través del shale oil) o la OPEP, suele ajustarse para estabilizar el mercado. También influye la demanda global: si hay recesión, los precios bajan; si la economía crece, se sostienen. Así, conflictos como la Primavera Árabe (2011) o Israel-Gaza (2023) tuvieron efectos limitados a largo plazo. Solo conflictos prolongados o con embargos, como el de 1973, han generado efectos duraderos.
En resumen, el petróleo reacciona con fuerza al inicio de un conflicto, pero su impacto se modera con el tiempo si no hay afectación real al suministro. Se debe mantener la calma pese a los distintos titulares de los medios informativos.
Cierre de redacción: 23 de junio de 2025