El impacto de El Niño en América Latina durante 2026-2027
La OMM (Organización Mundial Meteorológica) elevó al 90 % la probabilidad de que el fenómeno conocido como El Niño se mantenga activo hasta finales de 2026, y la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) da una probabilidad del 96 % de persistencia hasta febrero de 2027. Lo relevante para la lectura macro no es solo la alta probabilidad del evento, sino el contexto en que llega. Es interesante analizarlo junto a la presión que ya venía ejerciendo el shock energético y de fertilizantes derivado del conflicto en Medio Oriente, no como un solo factor aislado.


En cuanto a este tipo de fenómenos naturales, El Niño y La Niña son las dos fases opuestas de un mismo ciclo climático natural, conocido como ENSO, que se repite de forma irregular cada 2 a 7 años y suele durar entre 9 y 12 meses. El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal, lo que debilita los vientos alisios y típicamente trae más lluvias a la costa oeste de Sudamérica y sequías a Centroamérica, el sur de Asia y el sur de África. La Niña es el proceso inverso, un enfriamiento de esas mismas aguas, y generalmente invierte el patrón: más lluvias en el sudeste asiático y Australia, y condiciones más secas en buena parte de Sudamérica. Ninguno de los dos es un evento excepcional; son parte del comportamiento habitual del clima global, aunque su intensidad varía bastante de un ciclo a otro.


El fenómeno no afecta igual en toda la región, y esa asimetría conviene tenerla presente para dimensionar bien el análisis. En Perú, Ecuador y el norte de Chile el desafío principal es el exceso de lluvias, con el período de mayor intensidad esperado entre el último trimestre de 2026 y el 1T de 2027, algo que puede afectar volumen y calidad de la fruta y hortaliza de exportación. En México y Centroamérica el patrón se invierte y se anticipan condiciones más secas de lo habitual, dada la cercanía de la región a las aguas cálidas del Pacífico. Colombia igual que los anteriores, con efecto sobre su generación hidroeléctrica, y en el Sur, Argentina concentra la variable a seguir más de cerca para el mercado global de agricultura, dado el peso de su campaña de soja y maíz en los precios internacionales.
Tras el cierre del Estrecho de Ormuz, arteria por la que transita cerca del 45 % del comercio mundial de fertilizantes, apreciamos mucha volatilidad en el precio de estos mismos. Por ejemplo, la urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo, subió un +53,7 % en marzo, su nivel más alto desde 2022, y el índice general de fertilizantes del Banco Mundial llegó a incrementar un +26,2 %. Dado que el fertilizante representa entre un 15 % y un 30 % del costo total de producción de un cultivo, es una variable que conviene monitorear de cerca, porque su evolución incide en el margen del productor.
En las previsiones de inflación, lo primero que suele tenerse en cuenta son las consecuencias de riesgos geopolíticos como el cierre del Estrecho de Ormuz. En la mayoría de los casos se sigue muy de cerca el precio del petróleo, pero otras variantes relevantes a menudo quedan más desapercibidas. Este tipo de fenómenos meteorológicos como El Niño también pueden afectar, ya que son capaces de sumar presión adicional sobre los precios de los alimentos que hoy no están del todo reflejados por el mercado.
Cierre de redacción: 8 de julio de 2026