¿Qué esperar de la renta variable con los índices rozando máximos históricos?
A pesar de que en los últimos años los mercados han experimentado cierta volatilidad en verano, este agosto ha sido la excepción, con sólidos datos económicos y resultados empresariales muy potentes que han impulsado los activos de riesgo a nuevos máximos históricos. Sin embargo, ¿qué debemos esperar de la renta variable durante los próximos trimestres?
Antes de poder argumentar una respuesta, es necesario recapitular qué es lo que está ocurriendo actualmente en los mercados financieros. La realidad es que el conflicto en Oriente Medio no ha terminado y los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán siguen dándose cada día. La ausencia de una tregua o de una desescalada ha provocado que el precio del Brent vuelva a superar los 100 dólares por barril, alcanzando su nivel más alto desde mayo. Que se haya superado de nuevo esta barrera psicológica de los 100 dólares por barril no ha dejado indiferente al mercado, y se han reavivado los temores a una estanflación.
Los inversores ya han comenzado a descontar un periodo más prolongado de precios elevados del petróleo, lo que ha llevado a anticipar subidas de tipos más rápidas y ha empujado los rendimientos de los bonos a máximos de varios años.
Como es de esperar, lo mencionado anteriormente tiene un impacto relevante en el resto de los activos financieros, ya que provoca cierta vulnerabilidad ante el impacto de las crecientes presiones inflacionistas y el posible endurecimiento más rápido de lo esperado de la política monetaria por parte de los bancos centrales.
En particular, hablando de los activos de riesgo, podemos afirmar que hasta ahora la renta variable ha conseguido absorber bien este escenario de rendimientos más altos, lo que se ve reflejado en los índices globales que siguen cotizando cerca de máximos históricos. Por el momento lo están haciendo bien, pero ¿puede llegar un momento en el que deje de ser así?
Aunque las tensiones geopolíticas y el fuerte repunte de las rentabilidades de los bonos han provocado una reducción del apetito por el riesgo con el sentimiento inversor deteriorándose, la realidad es que trimestre a trimestre los beneficios empresariales siguen siendo muy saludables. Además, seguimos asistiendo a una espectacular revisión al alza de los beneficios con un crecimiento cercano al 30 % en Estados Unidos.
El mercado va a permanecer muy atento al mundo de la inteligencia artificial y a si las tecnológicas van a seguir siendo capaces de monetizar las grandiosas inversiones que están haciendo. En el caso de que no sean capaces de ello, asistiremos a un punto de inflexión donde las revisiones de beneficios se frenarán, pero de momento no estamos, ni de lejos, cerca de ese punto. La realidad es que trimestre a trimestre los beneficios siguen sin flojear y no ha habido ni un solo resultado en el pasado trimestre que sugiera que los vientos de cola de la IA se estén frenando, sino todo lo contrario.
Todo esto, unido a unos datos macro que siguen mostrando una economía fuerte y resiliente tanto en Estados Unidos como en Europa, plantea un escenario donde los activos de riesgo podrían seguir teniendo recorrido.
Aun así, esto no nos exime de que podamos sufrir volatilidad y correcciones en el corto plazo si los rendimientos de los bonos siguen sin dar tregua. En este caso, las bolsas podrían sufrir un parón y no subir al calor de esos beneficios empresariales y de esa economía fuerte, pero mientras el crecimiento de los beneficios empresariales aguante en los niveles actuales y los bancos centrales sigan manteniendo su postura actual, las caídas en la renta variable podrían suponer una buena oportunidad de entrada a medio-largo plazo.
Artículo publicado en Citywire el 15.09.26