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Un mundo perfecto

A medio camino de completar, «los años 20» de este siglo XXI están siendo de lo más agitados. Los empezamos con una pandemia global, para seguir con la mayor explosión de inflación en décadas, acompañada de la mayor subida de tipos de interés desde los 70, las mayores quiebras bancarias desde Lehman, la invasión de Ucrania o la masacre en Israel y Gaza. No parece poco. En la presentación de estrategia de finales del año pasado decíamos que, si pudiésemos apostarlo todo a un pronóstico para el 2025, nos quedábamos con que pasarían muchas cosas «inesperadas» en el año entrante. Nos hubiese ido bien. Cinco meses y, entre otras cosas, Trump ha abierto una guerra comercial contra el resto del planeta, Alemania ha dado un giro copernicano histórico a su política fiscal e Israel está atacando a Irán.

El presente artículo no da para comentar lo anterior como mereciera, pero déjenme compartir unas pocas reflexiones al respecto. El «Liberation Day» de Trump seguramente termine descafeinado –con ello cuentan los mercados–, pero quedará, mínimo de los mínimos, en un 10 % de arancel universal. La ejecución es pésima: bastaba haberlo anunciado desde el inicio y se hubiese pasado página rápidamente. La incertidumbre resultante debería pasarle factura a la macro americana y elevar la inflación, de primeras, una combinación tóxica donde las haya. Pero lo anterior de momento no se atisba en los datos publicados (del manual de economía a la realidad últimamente hay demasiada distancia), cosa que los mercados celebran. Lo de Alemania es muy buena noticia, pero vamos a tardar mucho en ver su impacto –hay que aprobar y ejecutar el gasto antes. Y lo de Israel atacando a Irán, probablemente suene peor de lo que en realidad es, para macro y mercados. La vía de transmisión es el precio del crudo. Mientras no se cierre el estrecho de Ormuz (algo que Irán solo hará si está desesperado, porque perdería los pocos apoyos internacionales que le quedan, China entre ellos), ni se bombardeen centros de extracción de crudo (ídem para Israel), la pérdida de oferta iraní puede ser compensada por otros productores. De hecho, el precio del crudo estaba bajando antes de los ataques. Arabia Saudí no quería perder más cuota ante otros productores y había abierto el grifo. Aunque el crudo repuntase de forma más severa, el mundo es mucho menos intensivo en su uso de lo que lo era en el pasado. Las comparaciones con los años 70 están fuera de lugar, pase lo que pase.

Resulta sorprendente, sin embargo, que los mercados coticen un mundo menos arriesgado que el que había antes del «Liberation Day» (y de la «One Big Beautiful Bill», que dispara la deuda y el déficit americanos) de Trump o del ataque a Irán (mientras escribimos estas líneas, se rumorea que EE. UU. está considerando añadirse al conflicto, y que el objetivo sería hacer caer a la República Islámica; por detestable que sea un régimen, la alternativa puede ser peor, y si no que le pregunten a Irak). El mayor riesgo es, a nuestro entender, lo que está sucediéndole al dólar, que parece que ha dejado de ser activo refugio, algo nada frecuente y tal vez indicativo de una pérdida de confianza internacional en el billete verde, y en la deuda soberana que lo sustenta. Da esto otra vez para mucho más de lo que cabe en este texto, dejémoslo aquí.

Un servidor no cree en los pronósticos como herramienta para invertir. No suelen ser acertados, y no son para nada necesarios. Para invertir bien, nos tienen que compensar bien por el riesgo que asumimos. Los activos financieros descuentan un mundo perfecto, casi el mejor de los escenarios. Puede que salgamos indemnes, o que lo parezca, otra vez. Pero actuar como si los riesgos no existiesen es sumamente imprudente.

Lo contrario –no invertir, y escondernos debajo de la cama– es igualmente inapropiado. Debemos buscar inversiones seguras, suficientemente líquidas para poder aprovechar la volatilidad que esté por venir. Y aprovechar ya mismo las oportunidades, que las hay, en las que el precio del activo sí nos da un margen de seguridad.

Cierre de redacción: 23 de junio de 2025

Escrito por
Autor post
David Macià Pérez
Director de Inversiones y Estrategia de Mercados en Creand Asset Management en Andorra