«Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro». Este comentario a menudo citado y frecuentemente atribuido a la leyenda del béisbol Yogi Berra, captura a la perfección el reto de la predicción, sobre todo en los ámbitos de las finanzas y la economía. Este reto es aún mayor este año.
La política comercial errática del presidente Trump ha causado un nivel de incertidumbre extremadamente alto. El 2 de abril anunció aranceles recíprocos a más de 180 países y territorios. Como respuesta, los economistas redujeron drásticamente sus previsiones de crecimiento para 2025, solo para revisarlas al alza pocas semanas después, cuando Trump aplazó estos impuestos.
El veredicto final sobre los aranceles aún no está claro, pero, sea cual sea el resultado, no cabe duda de que este periodo de confusión pasará factura. La inversión empresarial se está retrasando y la confianza de los consumidores se ha visto afectada. Esto es evidente en los indicadores económicos basados en el sentimiento que reflejan opiniones y expectativas. Por ejemplo, la confianza del consumidor ha descendido a niveles no vistos desde 2020, cuando la pandemia de COVID-19 paralizó la economía. Del mismo modo, el índice ISM manufacturero ha caído muy por debajo de 50, lo que indica una contracción.
Curiosamente, la debilidad que se muestra en las encuestas aún no se ha observado en los datos reales, lo que deja a los economistas un poco perplejos. Los datos recientes muestran que el mercado laboral no se está deteriorando y que las presiones inflacionistas son mucho más moderadas de lo que se temía. Estos son los dos indicadores macro que la Reserva Federal está observando de cerca para medir el impacto económico de la guerra comercial. Entonces, ¿por qué hay tanta divergencia entre las encuestas y los datos reales? Una explicación es la reducción de la inmigración, consecuencia de otra de las acciones de Trump, que ha reducido la fuerza laboral, aliviando la presión al alza sobre la tasa de paro a pesar de la contratación más lenta. Otro factor es el tiempo, ya que los aranceles tardan un poco en filtrarse a través de la economía. Tanto las empresas como los consumidores anticiparon los pedidos en previsión de precios más altos e interrupciones de la cadena de suministro causadas por los aranceles. Además, los bajos precios de la energía han ayudado a mantener la inflación bajo control. No obstante, es probable que esta anticipación anterior vaya seguida de un periodo de recuperación a medida que los inventarios se reduzcan y los aranceles entren en vigor. De hecho, los aranceles aún vigentes son mucho más altos de lo que la mayoría esperaba a principios de año.
La imprevisibilidad se suele considerar un enemigo de una economía sana, y las perspectivas globales están cada vez más en peligro a medida que surgen otros riesgos. El conflicto en Oriente Medio amenaza con aumentar los precios de la energía. Se espera que el llamado «proyecto de ley Big Beautiful» de Trump, que se está debatiendo actualmente en el Senado, solo dé un impulso modesto al crecimiento, a la vez que aumente el déficit fiscal. Esto, a su vez, conllevaría tipos de interés más altos, aumentando los costes de préstamo tanto para el gobierno como para el sector privado. Por descontado, es fácil imaginar un escenario más optimista: la administración Trump cierra rápidamente acuerdos comerciales mutuamente satisfactorios con todos los socios, la Fed consigue frenar la inflación mientras mantiene el crecimiento, las guerras en Oriente Medio y Ucrania se resuelven y la inversión en IA aumenta y mejora la productividad, impulsando el crecimiento. Un resultado clásico de «bien está lo que bien acaba», pero quizá sea un poco engañoso. A nuestro entender, los riesgos son a la baja y, en el mejor de los casos, esperamos una desaceleración económica importante en la segunda mitad del año.
Cierre de redacción: 23 de junio de 2025