No era fácil para la Fed ayer rivalizar con el conflicto entre Israel e Irán, más cuando parece inminente que EEUU se involucre militarmente en el mismo. Y ciertamente no lo consiguió. Dejaron sin cambios el nivel de tipos, tal como se esperaba. Powell explicó después que es pronto aún para discernir el impacto de los aranceles en crecimiento e inflación, y que deberán esperar hasta ver los mismos. A lo anterior se le añade la incertidumbre sobre cuál va a ser finalmente el impacto sobre el precio del crudo del conflicto en Medio Oriente, con lo que tiene todo el sentido que la Fed se mantenga a la expectativa.
Se publicaba también ayer el “dot plot”. Aunque tienen una capacidad predictiva casi nula, lo cual resulta cuanto menos curioso, se les presta mucha atención para intentar discernir cual será el rumbo que tomará la política monetaria. Parece que, como el mercado, los miembros de la Fed calculan bajar dos veces en lo que queda de año, aunque siete gobernadores creen que se deberían quedar donde están.
A no ser que la economía desacelere abruptamente, creemos que la Reserva Federal mantendrá sin cambios los tipos de interés al menos hasta finales de año. El mercado laboral sigue siendo muy sólido, y el riesgo de que la inflación repunte no es menor. A lo anterior deberíamos añadirle la necesidad de preservar la credibilidad de la institución, algo que resulta esencial ante la incesante presión de Trump (pocas horas antes de la decisión tildó a Powell de “estúpido” y dijo que los tipos de interés deberían estar 250 puntos básicos por debajo de donde están).