Este 2024, un cuarto de la población mundial habrá sido llamada a las urnas, en el que es el año más intenso en elecciones de la historia. Termina con una de las más relevantes para el planeta, en la que Kamala Harris tratará de evitar que Trump acceda a un segundo mandato. No solo por la polémica que acompaña siempre al republicano (sería el primer presidente convicto de la historia, al haber sido declarado culpable de 34 cargos de falsificación, y aún se enfrenta a 91 cargos criminales pendientes de resolución). O por una evidente fractura de la sociedad americana (que jamás había estado tan polarizada) y que, gane quien gane, probablemente se acentúe. Los programas electorales de ambos candidatos afectarán de forma severa a la economía y a los mercados financieros.
Trump quiere deportaciones masivas, acabar el muro en la frontera con México y dificultar el acceso a la ciudadanía americana. No parece inteligente, desde un punto de vista económico. EE. UU. se ha beneficiado de la inmigración, que además de aportar mano de obra barata a un mercado laboral muy dinámico, le permite tener una pirámide de población que ya quisieran la mayoría de los países desarrollados. No menos peligrosas son las pretensiones del candidato republicano de elevar los aranceles. Entre otras cosas, porque, al ser prerrogativa presidencial, no necesita de aprobación de las cámaras legislativas. De cumplir sus amenazas, quedarían a niveles no vistos desde 1935 y, a bien seguro, conllevarían represalias del resto de los países (a las que Trump seguro respondería, con lo que se entraría en un bucle). Se aceleraría, pues, la involución de la globalización en la que se cimentó buena parte del crecimiento global de estas últimas décadas.
La política fiscal parece el punto que más consecuencias puede tener para los mercados financieros. Trump promete rebajar impuestos a diestro y siniestro, empezando por el de las empresas (ya lo hizo en su primer mandato), ahora del 21 % al 15 %. Justo lo opuesto de lo que pretende Harris, que quiere que vuelva al 28 %, así como elevar las contribuciones de los más pudientes. Tan importante (o más) que quien sea el próximo presidente es si goza de mayoría en ambas cámaras. Un blue sweep, en el que los demócratas se hacen con el control total, sería de entrada muy mal recibido entre los inversores de renta variable, que al final no dejan de estar comprando los beneficios de las empresas, al ser estos lastrados por mayores impuestos. Exactamente lo opuesto sucedería si quienes controlan las dos cámaras son los republicanos.
A este último escenario se le da cada vez más probabilidad, algo que ha coincidido con un rebote de los tipos a los que se financia el gobierno americano en sus tramos más largos. No es casualidad. Las rebajas impositivas exacerbarían el déficit presupuestario, ahora ya por encima del 6 %, un nivel inaudito, solo visto en períodos de emergencia (guerras o la pandemia de 2020, básicamente). Lo anterior, junto con el hecho de que las políticas de Trump y Harris son netamente inflacionistas, dificultarán también mucho el trabajo de la Fed, que difícilmente podrá bajar mucho más los tipos de interés.
Algo que nos tendría que quitar el sueño como inversores es precisamente que los mercados se empiecen a preocupar en demasía por la evolución de los déficits públicos. Gane Trump o Harris, el déficit público americano seguirá en niveles extremos, completamente insostenibles a largo plazo. En eso, los mercados financieros pueden ser implacables. Ya le pasó a Lizz Truss, la inquilina más efímera del número 10 de Downing Street. El cargo le duró apenas mes y medio, al prometer a la vez más gasto y menos impuestos, lo que provocó la estampida de los inversores. Debería servir de aviso a navegantes, cuando le pasa no a Venezuela o similares, sino a toda una potencia económica como el Reino Unido. No parece casualidad que el oro marque récord tras récord. Podría sorprender que lo haga a la vez que el S&P500 –no termina de encajar, siendo el primero un barómetro de desconfianza y el segundo, de lo opuesto. Tal vez, muchos inversores advierten que el abuso de las políticas fiscal y monetaria está deteriorando el valor de las divisas.
Los mercados estarán muy atentos al sucesor de Biden en la Casa Blanca. Trump y Harris son polos opuestos en muchas cosas. Sin embargo, para los inversores, mucho más preocupante resultan los parecidos razonables entre ambos. Ninguno de los candidatos tiene la menor intención de atajar los déficits actuales, completamente desproporcionados. Esperemos que los mercados financieros no se fijen más de la cuenta.

Artículo publicado en Expansión 30.10.2024