Qué diferencia a los fondos de inversión libre (FIL)
Los fondos de inversión libre (FIL), también conocidos como hedge funds, representan una alternativa de inversión que ha ganado popularidad en los últimos años. Se trata de unos vehículos que destacan por su flexibilidad y por su capacidad para generar rendimientos significativos, aunque conllevan riesgos y complejidades que los distinguen de los fondos de inversión tradicionales. Representan una opción de diversificación de las carteras, siempre atendiendo al perfil de riesgo del inversor.
En primer lugar, este tipo de fondos no está sujeto a las restricciones de inversión que se aplican a la mayoría. Pueden invertir en cualquier tipo de activo, seguir la estrategia de inversión que consideren más apropiada y apalancarse en mayor medida que el resto de los fondos, llegando a varias veces su patrimonio. En general, son productos menos líquidos que los fondos tradicionales, ya que tienen la posibilidad de permitir los reembolsos mensualmente o cada tres o seis meses.
La principal diferencia entre los hedge funds y los fondos de inversión tradicionales radica en la concentración de las inversiones y el nivel de apalancamiento. Los primeros pueden concentrarse más en ciertas inversiones. Esto significa que pueden destinar una mayor proporción de su capital a unas pocas oportunidades de inversión que consideran prometedoras. En cambio, los fondos tradicionales tienden a diversificar más sus inversiones para reducir el riesgo, repartiendo su capital entre una mayor cantidad de activos y sectores.
Cuando hablamos de apalancamiento, en los fondos de inversión libre puede llegar hasta cinco veces su patrimonio. Esto significa que pueden pedir prestadas grandes cantidades de dinero o utilizar derivados para aumentar el tamaño de sus posiciones de inversión. Gracias a eso, pueden amplificar significativamente tanto las ganancias como las pérdidas, ofreciendo una mayor exposición al mercado y, por ende, mayores riesgos y potenciales recompensas. Los fondos tradicionales, sin embargo, suelen limitar su apalancamiento a dos veces su patrimonio, de forma que tienen un perfil de riesgo más limitado. Además, los fondos de inversión libre pueden invertir en una gama más amplia de activos, incluidos aquellos no cotizados y materias primas. Eso les da acceso a mercados y oportunidades que los fondos tradicionales no toman en consideración inicialmente, además de permitirles diversificar la cartera de una manera no convencional y aprovechar nichos específicos del mercado.
Un aspecto que debe tenerse en cuenta a la hora de entender cómo funcionan los FIL es que cuentan con menor liquidez. Generalmente, suele ser mensual o trimestralmente, mientras que en los fondos tradicionales suelen permitir a los inversores retirar su dinero diariamente, lo que puede ser visto como un inconveniente para los inversores que necesitan acceso rápido a sus inversiones. No obstante, también puede suceder lo contrario: que se conviertan en una oportunidad que permita a los gestores de FIL implementar estrategias de inversión a más largo plazo. Además, en mercados bajistas, los fondos de inversión libre pueden reducir rápidamente su exposición y aprovechar caídas de precios para invertir con liquidez adicional. Una estrategia que permite maximizar beneficios sin incrementar significativamente la volatilidad del fondo. Lo que sí tienen en común ambos tipos de fondos es que los dos son traspasables.
Merece la pena mencionar el requisito de inversión mínima en este tipo de fondos. Históricamente, se trataba de inversiones mínimas elevadas, generalmente de 100.000 euros o más, lo que limitaba su acceso a grandes inversores y excluía a los pequeños inversores. Sin embargo, con la reciente aprobación del Real Decreto 1180/2023, de 27 de diciembre, la inversión mínima para inversores no profesionales se ha reducido significativamente, hasta los 10.000 euros, siempre que no supere el 10 % del patrimonio financiero del inversor. Un cambio normativo que perseguía democratizar el acceso a este tipo de vehículos, permitiendo a un mayor número de inversores beneficiarse de este tipo de estrategias de inversión. Se trata de un paso importante hacia la inclusión financiera que abre la puerta a una enorme cantidad de inversores que, en el pasado, no podían cumplir con los requisitos de inversión mínima.
A pesar de tener unas mayores dificultades de comercialización que el resto de los fondos tradicionales, los fondos de inversión libre han experimentado un crecimiento significativo en los últimos años, tanto el número de vehículos como el volumen de capital bajo gestión, debido a la calidad creciente de gestores y asesores especializados en esta materia. Desde finales de 2019 hasta marzo de 2024, los activos bajo gestión han pasado de 1000 millones hasta superar los 4200 millones de euros (cuatro veces más). El número de vehículos de inversión de este tipo también se ha duplicado, pasando de 96 a 192, disparando, por tanto, el número de fondos (FIL) y fondos de fondos de inversión libre (FdFIL), según datos de Inverco. Un ejemplo del buen desempeño de este tipo de vehículo y el creciente interés lo hemos podido calibrar con el Alternative Cinvest FIL, lanzado en marzo de 2022 y asesorado por JM Kapital EAF. Su objetivo es obtener rentabilidades elevadas, con un riesgo similar al del S&P 500 y con la posibilidad de descorrelacionarse de la dirección del mercado, al poder generar beneficios en fases de caídas. Desde su inicio hasta mayo de 2024 su rentabilidad(*) alcanzaba un 20,80 %, superando así el 16,49 % del S&P 500 en ese mismo período.
La reciente democratización de este tipo de fondos abre nuevas oportunidades para inversores no profesionales, ampliando el acceso a estrategias de inversión alternativas. En un entorno de mercado dinámico y a menudo volátil, los fondos de inversión libre se presentan como una opción interesante para aquellos dispuestos a explorar más allá de las inversiones tradicionales.
(*) Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.
Artículo pulicado en RankiaPro 15.07.2024